Dos personas con lentes mirándose por espejo de auto

Relato vivencial de un abogado ciego

Soy Carlos, de Chile. Cuando tenía 8 meses de vida, perdí la visión, a causa de una varicela, que me contagió después de que hiciera lo mismo con 7 de mis 11 hermanos. Perdí mi ojo derecho y el izquierdo, aunque los médicos lograron salvarlo, quedó con una especie de catarata que nunca pudo ser extirpada, que lo dejó con un 5% de visión; lo que, hasta ahora, me permite percibir la luminosidad de la luz, los colores en los objetos vistos desde muy cerca y los de las pantallas, además de poder ver a las personas en general, es decir, sin poder distinguirlas como para diferenciar un rostro de otro. Así crecí, jugué y me desarrollé como persona. También hice mis estudios básicos en la escuela de ciegos Especial N° 3, donde aprendí a escribir y leer en braille.

Posteriormente, estudié mi enseñanza media en el liceo de hombres N° 1, de la ciudad de Temuco, Chile, mi ciudad natal.

Después de haber egresado del liceo, ingresé a la Universidad De Chile, para estudiar Derecho, recibiéndome de abogado el 2 de octubre de 1989.

Finalmente, diré que, aunque encontré trabajo en la Corporación De Asistencia Judicial de la Región Del BíoBío, con jurisdicción también en la Región De La Araucanía, nunca me sentí realizado como profesional, puesto que nunca recibí una remuneración acorde con mis méritos y capacidades profesionales. Lo mismo ocurrió después, cuando presté servicios de abogado en la Municipalidad de Temuco, donde laboré durante 12 años.

Actualmente, estoy sin trabajo y ninguna oportunidad de encontrarlo por mi edad. Por eso, estoy luchando, junto a otros más, para conseguir una Lotería Nacional, semejante a la ONCE, de España, donde todos los ciegos y de baja visión, tengamos la oportunidad de trabajar, con las mismas opciones de cualquier ser humano laboralmente activo.

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